20 de junio de 2017

DIA MUNDIAL DEL REFUGIADO

Nos unimos a la celebración del DÍA MUNDIAL DEL REFUGIADO, establecido el 20 de Junio por la Organización de Naciones Unidas desde el año 2000.
La Conferencia Episcopal nos explica en el siguiente vídeo la labor que realiza la Iglesia Católica en este campo.

En el siguiente enlace, se aportan unos textos y unos vídeos -además de propuestas de actividades– que pueden guiar la reflexión comprometida de cada uno y de las comunidades y grupos, además de ambientar el orar:
Día Mundial del Refugiado

17 de junio de 2017

El pan de la dignidad (Juan 6,51-58)

“Sentía que, yo misma, era un error”, así hablaba una mujer que sufre una discapacidad y con una vida difícil, sin padre y sin madre, sin familia con la que sentirse única y especial. Veinte años, y se sentía prescindible para todos, un error de la naturaleza. “Lo que me devolvió la conciencia de dignidad personal fue la experiencia de fe; saber que en medio de todo lo que me pasaba, Dios tenía un plan para mí, una misión a la que responder”.

Nada hay tan desestructurante y desestabilizador como esa sensación de nada y de vacío en el fondo de nuestro corazón. Por eso Jesús quiso hacerse pan, para llenar con su amor y con su dignidad el vacío del corazón de cada hombre, de cada mujer, en cualquier circunstancia y dificultad.
Nunca somos dignos de recibir a Jesús en nuestro cuerpo y en nuestra vida, tan marcada por el egoísmo y la debilidad. Es al recibir el pan de Jesús cuando acogemos el regalo de la dignidad que Él nos entrega.

Una niña que ha hecho este año su primera comunión decía: “El pan de la misa no sabe a nada, pero me pongo tan contenta al recibirlo…”. Y es que el pan de la eucaristía es el regalo que Dios nos hace de la dignidad de ser hijos suyos, el regalo de ser compañeros de Jesucristo. Compañero viene, precisamente, de con-panero, con quien se comparte el pan.

Jesús con el pan de cada eucaristía nos regala la dignidad de ser hijos de Dios, la reconciliación en nuestras debilidades e incoherencias, la alegría de sabernos acogidos entre sus amigos, de tener la misión de ser sus testigos y de construir un mundo que se parezca cada vez más al Reino definitivo de justicia y paz.


11 de junio de 2017

El Dios de los filósofos (Juan 3,16-18)

La noche del 23 al 24 de noviembre de 1654 Blaise Pascal, uno de los mejores matemáticos y filósofos de su tiempo, tiene una experiencia radical de Dios, que le hace escribir una nota y coserla en el forro de su casaca para que siempre lo acompañara. La nota que se descubrió pocos días después de su muerte, comenzaba diciendo: “Fuego, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no el Dios de los filósofos y los sabios”.

Aquella noche, ciertamente, tuvo Pascal una experiencia de Dios que lo transformó, y que cambió su manera de comprenderse a sí mismo y comprender al mundo. “El corazón tiene razones que la razón no entiende”, diría también el joven filósofo creyente, para mostrar que la riqueza y la profundidad del alma de la persona son inabarcables para las escasas fuerzas del razonamiento de una sola persona.

Ante el misterio del amor y de la vida, ante la insondable profundidad del alma humana, ante el grito del que sufre, nuestras razones se quedan mudas; y si hablan, sus sonidos suenan huecos y vacíos. El Padre de Nuestro Señor Jesucristo no será nunca un concepto manejable para nuestra inteligencia. Un océano de amor tan grande sólo puede intuirse cuando nos sumergimos en él. “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él”.

Un misterio que acogen los niños y los sencillos, que saben que Jesucristo es Dios y que es su amigo que nunca los abandona. Un misterio que pinta de suspicacia el rostro de los sabios y entendidos, que no llegan a explicar cómo Jesús, el más lúcido maestro de ética, puede predicar que es sencillamente su amor, que trasciende la muerte, el que nos salva.


4 de junio de 2017

Navegar (Juan 20,19-23)

Identificamos las experiencias del Espíritu con momentos llenos de luz, sin sombras que los entenebrezcan, con situaciones de armonía y equilibrio personal, que nos hacen vivir sensiblemente momentos de alegría personal. Y no siempre es así.

A veces, el Espíritu hiere nuestro orgullo y quema nuestras seguridades para que estemos más disponibles a la voluntad de Dios. El Espíritu nos hace pasar por la muerte para que podamos encontrar la vida. En el bautismo, el Espíritu ahoga nuestro hombre viejo para que renazcamos como niños a la novedad de la Vida. Toda muerte del hombre viejo se produce con miedo y con dolor. Como los adolescentes varones que, cuando van a crecer unos centímetros para ir convirtiéndose en adultos, pasan por unos días en los que la fiebre los deja postrados en la cama, sin causa aparente.

El Espíritu hincha las velas de nuestra barca, y con su fuerza hace crujir las maromas, y la madera del mástil y la botavara. El barco avanza, y todos se alegran por el movimiento que anuncia nuevas aventuras, pero todo tiene que estirarse quejándose sonoramente.

Pero no te importe, que crujan tus sentimientos y salten por el aire las legañas de tu vida. La vida es dejarse llevar por un Espíritu que nos lleva a recorrer nuevos puertos, a abrir nuevas rutas. Sólo quien sólo hace lo ya sabido comienza a envejecer. Y los bautizados hemos de ser siempre el hombre nuevo del que habla Pablo de Tarso –éste sí que rejuveneció hasta hacerse anciano-.

¡Ven Espíritu divino! Impulsa nuestra vida hacia una mayor entrega. Nuevos caminos de solidaridad y de justicia iremos abriendo con tu fuerza. Nuestra fe y nuestro amor se renovarán, para dar más fruto, para darnos más nosotros.

31 de mayo de 2017

Fútbol solidario

El pasado Viernes 26 de Mayo se celebró el I Torneo San José Obrero por la solidaridad, en el que participaron distintos equipos de categorias base de Fútbol: CD Regate, CMD San Juan, CD San Pablo Norte y CA Libertad. Se realizó una recogida de alimentos que llevaron tanto participantes, familias, así como otras personas voluntarias asistentes al evento deportivo. Los alimentos se distribuirán a las familias necesitadas a través de Cáritas Parroquial San José Obrero.





Fin de curso de los grupos de catequesis

Esta semana se reunieron en la Parroquia los niños, padres, catequistas, y nuestro Párroco para despedir el curso 2016/17 que acaba de terminar. Después de unas oraciones y unas breves reflexiones, todos participaron de una agradable convivencia, en la cual se realizaron distintas actividades y juegos.






La próxima reunión se celebrará en los actos conmemorativos del Corpus.

28 de mayo de 2017

Instaurar el Reino (Mateo 28,16-20)

Los discípulos de Jesús de Nazaret no tenían, en absoluto, una visión espiritualista de la misión de su maestro; más bien pecaban de reducirla a unas expectativas demasiado mundanas. Después de haber experimentado su resurrección, hablan de una manera que nos descubre su ansia de que nuestra historia cambie y se transforme. Cuando Jesús va a ascender al cielo le preguntan: ¿Es ahora cuando vas a instaurar tu Reino?

Jesús lo había dicho en sus parábolas: el Reino de Dios va a ir creciendo poco a poco, como la semilla en el campo; va a ir actuando silenciosamente, como la levadura en la masa; va a contar con la sabiduría y la prudencia de los creyentes que van a sacar del arcón lo viejo y lo nuevo, según convenga. Antes de la plenitud de la historia, el Reino va llegando desde el amor, la fe y la vida de servicio y de entrega de los creyentes y de todas las personas.


Cada vez que al amor vence al rencor en nuestra vida, cada vez que buscamos liberar a nuestros hermanos de la injusticia de este mundo, va creciendo el Reino de Dios.

Uno de los signos más necesarios en este momento para nuestra sociedad, y que muestra el crecimiento del Reino es la creación y la reivindicación por el empleo decente. Cuando un muchacho, o una madre de familia, encuentran un empleo en el que recibe un sueldo adecuado a las necesidades de nuestro tiempo, que puede conciliarlo con su vida familiar y en el que puede desarrollarse como persona, el Reino va creciendo realmente en nuestra historia. Esta ha de ser una línea de trabajo pastoral de la Iglesia.

La fe, vivida sinceramente, produce frutos de transformación verdadera de nuestra historia concreta y cotidiana.

21 de mayo de 2017

50 años. Jesucristo en nuestro barrio (Parte III)

TESTIMONIO DE UNA MUJER FIEL CON LA FE Y CON SU PARROQUIA
Juana María Fernández

Hola queridos hermanos en la fe, con motivo de cumplirse el 50 aniversario de la inauguración de nuestra parroquia San José Obrero, me piden unas palabritas que yo con mucho gusto y muy poca facultad hago, pero con mucha voluntad.

Soy una feligresa de esta parroquia tan querida para mí, donde todos me conocen por Juanita. Presencié su primera piedra y la bendición. A día de hoy con mis 79 años la sigo visitando asiduamente. Con mis visitas al Sagrario y la asistencia a la Eucaristía, donde día a día la palabra de Dios me da fuerza y anima para que mi fe se acreciente y el Espíritu Santo me guíe, igual que a mí a todos los voluntarios que colaboran en los distintos grupos de nuestra parroquia, como Caritas, catequesis, pastoral de enfermos y muchos más que no se ven, gracias al espíritu de servicio a los demás.
Sólo espero y deseo que el Señor me de salud para ayudar mientras me queden fuerza y capacidad mental.
Señor ayúdame a parecerme cada vez más a ti y a tu Santísima Madre.
Qué más quisiera yo poder expresar todo lo que significa la parroquia para mí, pero me quedo con mis visitas al Sagrario, ese gran desconocido para muchos.
Compartiendo la Pascua de la luz y la alegría

“Igual que en la liturgia pascual la luz del cirio enciende otras muchas velas. La fe se transmite, por así decirlo, por contacto, de per¬sona a persona, como una llama enciende otra llama. Los cristianos, en su pobreza, plantan una semilla tan fecunda, que se convierte en un gran árbol que es capaz de llenar el mundo de frutos” (del Papa Francisco, Lumen fidei 37).

En medio de la oscuridad de la noche, después de unos días de intensas experiencias religiosas los cristianos se reúnen en terreno profano alrededor de una pequeña pila de leña que se enciende ante la expectación de todos; los reunidos comienzan a mirar el fuego que ilumina la noche. La voz del ministro emerge de entre la penumbra y anuncia que Cristo es el comienzo y el final de nuestra historia, el sentido de nuestra vida y la plenitud de toda la humanidad. Vela a vela, vida a vida, se va transmitiendo una luz, que al compartirla se agranda y se convierte en un río que inunda poco a poco el templo. Se camina en medio de la oscuridad de la noche, guiado por la luz de la propia fe y la de los que nos acompañan en el camino… Ven el próximo sábado de gloria a la parroquia y verás este hermoso gesto de fe.

Todos negamos, como Pedro por cobardía y respetos humanos, la verdad, la fe y la justicia; todos, en algún momento, hemos traicionado a quien más queríamos, como Judas; todos nos hemos desentendido del que sufre como Pilatos, atendiendo a nuestros intereses y comodidad; todos hemos disfrutado haciendo daño al más débil, como aquellos soldados romanos, golpeándolo con nuestras palabras y comentarios, ridiculizándolo hasta despojarlo de su dignidad. Pero todos también podemos ser como María Magdalena: testigos de Jesús vivo, que nos perdona y nos alienta, que nos envía a prender la luz de Cristo en los demás (Juan 20,1-18).

Esta es la gran alegría que hemos de vivir los cristianos: Cristo vive, y es fuente de vida definitiva para todos, y es fuente de esperanza para todos los que creemos en Él.

HIMNO SAN JOSÉ

Hoy a tus pies ponemos nuestra vida;
Hoy a tus pies, ¡Glorioso San José!
Escucha nuestra oración y por tu intercesión
obtendremos la paz del corazón.

En Nazaret junto a la Virgen Santa;
en Nazaret, ¡Glorioso San José!
cuidaste al niño Jesús pues por tu gran virtud
fuiste digno custodio de la luz.

Con sencillez, humilde carpintero,
con sencillez, ¡Glorioso San José!,
hiciste bien tu labor, obrero del Señor,
ofreciendo trabajo y oración.

Tuviste Fe en Dios y su promesa;
tuviste Fe, ¡Glorioso San José!
Maestro de oración alcánzanos el don
de escuchar y seguir la voz de Dios.

Opresión o autodeterminación (Juan 14, 15-21)

Ni siquiera en política los problemas pueden plantearse de forma maniquea, como si la realidad fuera blanca o negra; cuando, en verdad, se conforma con el sinfín de tonos que nos muestra el arco iris. Ni siquiera en política; mucho menos en la vida más compleja y rica en matices que es la vida personal.


“O aceptas las normas, o vives en libertad”, así podríamos expresar una disyuntiva falsa que se plantea en la inmadurez de la adolescencia, pero que sigue acompañando nuestra inmadurez toda nuestra vida. Y, de forma inmadura, interpretamos nuestra vida basculando entre lo que nos imponen las circunstancias o las personas con las que vivimos, y lo que hacemos imponiendo nosotros nuestra voluntad. La vida, entonces, se nos muestra como una guerra, en la que normalmente perdemos. Acto seguido buscamos compensaciones egoístas e individualistas, que, las más de las veces, no nos construyen, ni nos hacen bien, ni a nosotros ni a nuestras familias.

La vida no es imponer o que me impongan. La vida es sembrarse con amor dónde y con quién Dios te llama, para ir dando fruto, o como poco, para ir oxigenando el aire. La vida es acoger el soplo del Espíritu que te lleva a entregarte por los que amas, por los que te necesitan. Como en el amor, vivir es decidir ponerte en manos de otro, sabiendo que la única manera de ser tú mismo; entregarte al otro como único camino de recuperarte.

Envíanos, Señor, tu Espíritu, que nos defienda de nosotros mismos; de nuestra inmadurez, de nuestras cobardías. Haznos fuertes para afrontar nuestra vida plenamente, sin necesitar compensaciones que nos entristecen. Haznos sabios en la ciencia de nuestra propia vida.

14 de mayo de 2017

50 años. Jesucristo en nuestro barrio (Parte II)

Como Madre de Esperanza

Las advocaciones de la Madre de Jesucristo que hacen referencia a la pasión del Señor, llevan un puñal que les atraviesa en corazón. Hoy la Iglesia, tiene que sentir ese mismo dolor de la Madre de Jesucristo ante el sufrimiento y las dificultades que atraviesan los hijos de Dios.

El dolor de los pobres y de los débiles es un puñal afilado que atraviesa el corazón de la comunidad cristiana. ¿Cómo no compadecerse ante la mujer que ha perdido a su hijo por enfermedad y desnutrición?, ¿cómo no co-indignarse con los jóvenes a los que se les roba el presente y el futuro con una crisis que enriquece a los más ricos?, ¿cómo no sublevarse ante la relativización de la vida humana concebida de la que algunos se consideran dueños bajo excusa de su propia libertad?, ¿cómo no sentir el dolor de aguda soledad de tantos ancianos?

La Iglesia, que tiene la vocación de ser Madre de los hombres, siente la soledad de los inmigrantes, y la desesperación de los refugiados, el hambre de los niños de tantos países del mundo y la marginación de muchas mujeres.

Pero, acudiendo a nuestra Madre, todos encontramos un consuelo y una paz que sólo se entiende desde la fe. Ella nos compromete a vivir con más autenticidad la vida cristiana. Ella es fuente de consuelo y de esperanza, sobre todo para quien se acerca con corazón humilde y dolorido. ¡Cuántas personas vienen a la parroquia y al acercarse a la imagen de la Virgen derraman lágrimas de dolor por la circunstancia dura que les toca vivir, de amor por los suyos, de agradecimiento y consuelo por la ternura recibida!

María de Nazaret, la Madre de Jesús, es para nosotros siempre fuente de Esperanza.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que llevemos con dignidad el nombre de cristianos.

UN TESTIMONIO CERCANO A LOS POBRES
Enrique Córcoles


Mi nombre es Enrique Córcoles, nací en el Barrio León de Sevilla, de la Parroquia de San Gonzalo, soy el mayor de ocho hermanos.

En el año 1970 me casé con la que es mi esposa Encarnita Vallejo, y nos vinimos a vivir a un pequeño piso de la calle Virgen del Consuelo de esta localidad de San Juan de Aznalfarache. Y en la parroquia de San Juan Bautista se bautizaron mis primeras cuatro hijas. El piso se nos quedó pequeño y tuvimos que buscar otro en el Barrio Alto, lo que ahora se denomina Pasaje Alcalde Próspero Castaño; y aquí nacieron mis dos últimas hijas que se bautizaron en la parroquia de San José Obrero.

Desde este momento hemos tenido relación constante en esta parroquia, cuyo párroco era D. Antonio Gutiérrez.
D. Antonio Gutiérrez, desde el primer instante tuvo con nosotros detalles de cariño. Era un párroco entrañable, buen sanjuanero y entregado a su labor enteramente.

Pasado el tiempo me invitaron a pertenecer a la Hermandad Sacramental como hermano, igualmente a mi esposa; y más tarde al cargo de tesorero, que no sé de donde pensaron que yo podía llevar las cuentas… porque por mi profesión laboral nunca he llevado contabilidad alguna.

Sin embargo el paso más importante fue en el año 2002, cuando el entonces párroco D. José Antonio Megías, me pidió hacerme cargo de la dirección parroquial de Cáritas, cosa que al principio no me sedujo nada, pero no quise negarme y pensé que estar en esta labor algunos años (cuatro era la norma) era algo aceptable, y hoy en el año 2017 aún sigo.

Pero he aprendido que la labor, aunque a veces es algo dura, me ha ayudado a ver a las personas de otra manera, a darme cuenta de lo mal que estas personas lo pasan, con pocos horizontes sus vidas. Y que en ellas debo ver a Cristo, aunque a veces no lo vea.
Además cuento, gracias a esto, con muchas amistades buenísimas. El equipo que hay en Cáritas está muy entregado también,  y me siento muy contento por la estupenda labor que hacen.

Una mención especial en esta labor es para Pepe Venegas que murió hace año y medio. Era una persona que hacía un trabajo formidable y son muchas personas que lo echan de menos, ha dejado un recuerdo imborrable. Y para Jacinto que tenía mucha autoridad para poner orden  entre los que venían a pedir en Cáritas, labor oscura aparentemente, pero importante y necesaria. Ya el Señor les ha dado el premio que se merecen sin duda.

También me gustaría mencionar la labor que realiza mi esposa en la parroquia en el grupo que visitan a los enfermos o que están solos y son mayores, no solo haciéndoles compañía sino también proporcionándoles la ayuda religiosa a través del párroco.

Pienso que esto no es ninguna casualidad, sino que Dios nos ha puesto ahí. Y aquí seguimos. Nuestro párroco D. Joaquín Castellón sigue muy de cerca estas labores y se vuelca apoyándonos todos los días.
Bueno, poco más puedo decir de mis vivencias aquí. Espero que Dios me ayude a desarrollar mi vida en consonancia con lo que Él quiere.


Enrique